Renata
Vuelvo en mí con un pitido agudo en los oídos y el sabor a metal en la boca.
Por un segundo no sé dónde estoy. Hay humo, o polvo, algo blanco flotando en el aire, y el airbag desinflado colgándome sobre las piernas como una medusa muerta, y el mundo entero ladeado. Me duele el cuello. Me duele el hombro donde el cinturón me clavó de golpe. Pero muevo los dedos, muevo los pies, giro la cabeza, y entiendo, con un alivio que me marea, que estoy entera. Magullada, temblando, pero entera.
—Le