Mundo ficciónIniciar sesiónFarah
La mañana del viernes se sentía diferente, vibrante. Decidí que, tras semanas de auditorías intensas y tensiones corporativas, necesitaba un respiro antes de mi gran cita. Me tomé el día libre en la empresa y conduje hasta el barrio de Alina. Necesitaba a mi amiga, necesitaba una voz que no hablara de márgenes de ganancia ni de logística.
En la pequeña sala de Alina, el tiempo parecía haberse detenido. Afuera, el ruido del tráfico y la vida acelerada del barrio humilde continuaban, pero dentro, el vapor de las tazas de café creaba una burbuja de intimidad. Dejé la taza sobre la mesa ratona, dejando escapar un suspiro que llevaba guardado desde hacía días.
—A veces me miro al espejo en esa mansión, Alina, y no me reconozco —comencé, sintiendo la voz un poco quebrada—. Me veo envuelta en telas caras, manejando presupuestos de millones de dólares y durmiendo al lado de un hombre que parece sacado de una portada de revista. Pero luego... llega una noticia como la de Sweeney y vuelvo a ser la chica que tiene miedo de que todo sea un error de cálculo.
Alina se sentó más cerca, dejando que sus rodillas rozaran las mías. Tomó mis manos entre las suyas; las suyas estaban ásperas por el trabajo diario, pero su calor era lo más real que había sentido en toda la semana.
—No es un error de cálculo, Farah. Es crecimiento —dijo Alina mirándome con atención—. Pero dime la verdad... ¿qué es lo que más te asusta de ella? ¿Que sea hermosa o que conozca al Alaric de antes?
—Que ella sabe qué cuerdas tocar para que él vuelva a ser de hielo —confesé, bajando la mirada hacia mis rodillas—. He trabajado tanto por derretir esa armadura... Me ha costado cada cena silenciosa, cada debate intelectual, cada mirada robada en el pasillo. Tengo miedo de que ella llegue, diga una palabra clave y él se cierre de nuevo. No quiero volver a ser solo una cláusula en su contrato, Alina. No ahora que siento que mi nombre suena distinto cuando él lo dice.
—¿Y qué pasó con el tipo de la alta sociedad? ¿El amigo de Alaric que no dejaba de dar vueltas? —preguntó Alina repentinamente, tratando de desviar la tensión, aunque en su mirada se notaba un destello de inquietud.
—¿Ronan? —la miré, sorprendida por el cambio de tema—. Alina... ¿qué pasó entre ustedes dos? Pensé que solo se habían cruzado por casualidad el día de la fiesta.
Alina apretó más fuerte mis manos y soltó una risa amarga antes de contestar.
—No fue solo un cruce, Farah. Tuve una noche con él. Una noche ridículamente perfecta en una suite que cuesta más de lo que gano en un año. Y cuando me desperté a su lado, vi esas sábanas de seda y me dio un pánico atroz. Me di cuenta de la locura que estaba haciendo. Yo soy la chica que cuida a su tía enferma en un piso con la pintura descascarada, y él... él es un tipo que seguro cambia de auto y de compañía cada fin de semana.
—Alina, no tenías por qué huir...
—¡Claro que sí! —me interrumpió Alina, con los ojos cargados de una mezcla de nostalgia y coraje—. Para un hombre como Ronan, yo probablemente era solo una anécdota divertida, una aventura de una noche con alguien de barrio. Me vestí a toda prisa y salí de allí antes de que abriera los ojos. No quería ver en su cara la lástima o el desinterés cuando descubriera mi realidad.
—¿Y crees que fue lo correcto? —le pregunté con suavidad—. Ronan no ha parado de preguntar por ti, Alina. En la empresa anda distraído, buscando cualquier excusa para saber de ti a través de mí o de Alaric. No vi a un tipo arrogante jugando; vi a un hombre genuinamente descolocado.
Alina bajó la vista por un segundo, apretando los labios, pero en seguida levantó la barbilla.
—Puede ser, pero mi mundo me daba vergüenza frente al suyo. Tuve miedo y preferí cerrarle la puerta antes de que él me la cerrara a mí. Pero tú... tú eres distinta, Farah. Tú ya estás ahí adentro, compitiendo de igual a igual en su terreno.
Alina volvió a enfocar toda su atención en mí, buscando mis ojos con firmeza.
—Escúchame bien. Tú no eres un reemplazo, eres la actualización que ese hombre no sabía que necesitaba. Él no te dio ese puesto en la empresa por caridad, ni te mira como lo hace por el contrato. Yo vi a Ronan descolocado, pero también he oído cómo Alaric habla de ti. Estos hombres están rotos por dentro porque siempre han sido tratados como negocios. Tú le diste a Alaric algo que Sweeney nunca pudo: una verdad que no se puede comprar.
Asentí, sintiendo una lágrima rebelde rodar por mi mejilla.
—Es que me duele lo mucho que me importa, Alina. Al principio era fácil porque no había nada que perder. Ahora, si esto falla, no solo pierdo un empleo o un techo... pierdo la pieza que hizo que todo mi mundo encajara.
—Entonces no dejes que el miedo a perder sea más grande que las ganas de ganar —dijo Alina con una sonrisa dulce y decidida—. Yo ni siquiera le di una oportunidad a Ronan por miedo a mi realidad, pero tú no puedes cometer mi mismo error. No te bajéis del barco antes de que llegue la tormenta.
Nos quedamos un momento en silencio, unidas por esa vulnerabilidad compartida. Me limpié la mejilla y respiré hondo, sintiendo cómo el apoyo incondicional de mi amiga me devolvía el eje.
—Tienes razón —dije, recuperando el brillo en los ojos—. No voy a ir a esa cena como una esposa de contrato. Voy a ir como la mujer que descubrió que el gran Alaric Grimaldi tiene un corazón, y voy a reclamar mi lugar.
—¡Esa es mi Farah! —exclamó Alina, levantándose de un salto y arrastrándome hacia el perchero de ropa—. Ahora, basta de lágrimas. Tenemos un vestido azul que necesita una dueña que camine como si fuera la dueña de toda la maldita ciudad. ¡A la pasarela!
Las risas volvieron a llenar la habitación mientras la angustia se transformaba en la emoción de la conquista, sellando una de esas conversaciones que solo las amigas de verdad pueden tener antes de enfrentarse al mundo.







