Inicio / Romance / UNA NOCHE CON MI CEO PROFESOR / Capítulo 25: Venenosa prometida
Capítulo 25: Venenosa prometida

Farah

La oscuridad de la habitación en casa de Vittoria seguía siendo el único refugio donde las armaduras de Alaric y las mías se permitían una tregua. Tras haber quitado la barrera de almohadas, el espacio entre los dos se sentía cargado de una electricidad totalmente nueva.

Alaric, aunque mantenía su postura rígida, no podía dejar de pensar en cómo cuestioné sus teorías en la universidad. Sabía que, para un hombre que valoraba la eficiencia por encima de todo, mi intelecto era la droga más potente que había probado.

—He estado revisando tu propuesta de análisis de flujos —dijo Alaric de repente, con su voz resonando en la penumbra—. El enfoque que usaste para el margen de error es... aceptable. Incluso innovador.

Sonreí contra la almohada. Sabía perfectamente que aceptable en el lenguaje de Alaric significaba brillante.

—¿Solo aceptable, Grimaldi? Me parece que te cuesta admitir que una prometida de contrato puede ver grietas en tu sistema que tú no viste.

—No confundas mi rigor con falta de reconocimiento, Bourne —replicó, girándose un poco hacia mí—. De hecho, mi empresa necesita una auditoría de datos para el proyecto de expansión en el sur. Los analistas que tengo son cuadrados, predecibles. Tú tienes esa capacidad de ser... molesta con las preguntas correctas. Quiero que te unas al equipo como analista senior de datos.

Me incorporé un poco, apoyada en el codo. La oferta me tomó por sorpresa, pero una ola de emoción me recorrió la columna.

—¿Quieres que trabaje para ti? ¿No crees que eso complique nuestro acuerdo?

—No trabajarás para mí. Trabajarás con la empresa. Es una decisión puramente logística, Farah. Tienes el talento y yo tengo el volumen de datos. Sería una ineficiencia criminal dejar que ese cerebro tuyo se desperdicie en consultoras de segunda —dijo, volviendo a su tono terco, aunque sus ojos brillaban con una intensidad diferente—. Acepta, demuestra lo que vales en el campo real.

Lo miré fijamente. Sabía que Alaric no me estaba regalando nada; me estaba abriendo una puerta que yo misma tendría que atravesar a base de esfuerzo.

—Acepto —dije con firmeza—. Pero no esperes que sea dócil en las reuniones de directorio.

—No te contraté para ser dócil. Te contraté porque eres peligrosa —murmuró antes de cerrar los ojos.

A la mañana siguiente, antes de que el sol terminara de salir y mucho antes de que la astuta Vittoria bajara a preparar su té de debilidad, Alaric y yo ya estábamos en el coche. Habíamos dejado una nota rápida prometiendo volver por la tarde; Alaric sabía que si su abuela nos veía juntos en la cocina, inventaría un nuevo desmayo para retenernos.

El viaje de regreso a la ciudad fue diferente. Ya no había un silencio tenso, sino una charla constante sobre proyecciones de mercado y bases de datos. Me sentía enérgica, lista para reclamar mi espacio profesional.

Al llegar a las oficinas centrales de Grimaldi & Co., la estructura de vidrio y acero se alzaba como un desafío. Alaric entró con su habitual paso de mando, pero esta vez se detuvo en el vestíbulo y, frente a las secretarias y ejecutivos que llegaban, puso una mano firme en mi espalda.

—Señores, les presento a la doctora Farah Bourne. A partir de hoy, supervisará la integridad de datos del proyecto de expansión —anunció con voz clara—. Asegúrense de que tenga acceso total a los servidores. Sus conclusiones van directo a mi oficina.

Sentí el peso de las miradas, algunas de admiración, otras cargadas de veneno. Entre ellas, la más afilada era la de Ana, la nueva novia de Elián y jefa de proyectos operativos. Ana apretó los dientes, manteniendo una sonrisa plástica mientras Alaric se marchaba a una reunión de emergencia.

—Bienvenida, Farah —dijo Ana con una voz que destilaba falsa amabilidad—. Alaric siempre ha sido muy... caritativo con sus conocidos. Ven, te mostraré tu proyecto especial.

Me llevó a una oficina en un piso inferior, lejos del centro de mando. Me entregó un disco duro y una pila de documentos físicos que parecían haber estado guardados en un sótano durante años.

—Este es el proyecto de logística de la zona sur. Hay inconsistencias en las facturaciones de los últimos cinco años. Nadie ha podido cuadrarlas. Si eres tan brillante como Alaric dice, esto te tomará... bueno, probablemente meses —dijo con una mirada de superioridad—. No te frustres si no lo logras. Es un caso perdido.

Observé el caos de datos. Supe de inmediato que era un proyecto diseñado para que yo fracasara, para mantenerme ocupada y humillada mientras los demás avanzaban. Pero Ana no conocía mi tenacidad.

—Gracias, Ana —respondí, encendiendo la computadora—. Me encantan los casos perdidos. Suelen ser los que guardan los secretos más interesantes.

Durante horas, me sumergí en los números. No almorcé. No me moví. Mi mente trabajaba a una velocidad que solo Alaric había sido capaz de seguir. Descubrí que no eran inconsistencias, sino un patrón de desvíos menores que alguien había estado ocultando. Estaba empezando a tirar del hilo cuando la puerta se abrió sin llamar.

Elián entró en la oficina con su habitual aire de arrogancia, luciendo un traje que claramente costaba más de lo que sus habilidades justificaban. Se apoyó en mi escritorio, invadiendo mi espacio con ese perfume caro que siempre me había dado náuseas.

—Vaya, vaya. La pequeña académica jugando a ser ejecutiva —se burló—. ¿Cómo se siente estar bajo el ala de Alaric? ¿Ya te diste cuenta de que solo te tiene aquí para que la gente no pregunte por qué su prometida no tiene un empleo real?

Ni siquiera levanté la vista de la pantalla. Mis dedos seguían tecleando con ritmo constante.

—Elián, estoy ocupada tratando de arreglar el desastre que tú y tu equipo de mediocres dejaron en la zona sur. ¿No tienes algún espejo donde ir a admirarte?

Elián se tensó, pero luego soltó una risita desagradable. Se inclinó más, bajando la voz.

—No te hagas la difícil, Farah. Ambos sabemos que este compromiso es una farsa. Alaric es un bloque de hielo; se aburrirá de ti en cuanto encuentre una nueva hoja de cálculo más interesante. En cambio, yo... yo sé cómo divertirme. Si te vuelves mi amante oficial aquí en la empresa, puedo hacer que Ana te asigne proyectos que realmente puedas terminar. Te ahorraría muchas humillaciones.

Detuve mis dedos. El silencio en la oficina se volvió gélido. Lentamente, giré la silla para enfrentarlo. Mis ojos, antes enfocados en los datos, ahora brillaban con una furia fría y elegante.

—¿Tu amante, Elián? —pregunté con una calma que debería haberlo asustado—. Me pides que baje mi nivel intelectual para estar con alguien que no puede ni siquiera entender un balance de situación sin ayuda.

—Cuidado con lo que dices...

—No, escúchame tú —lo interrumpí, poniéndome de pie y obligándolo a retroceder—. Eres como un virus informático: ruidoso, molesto, pero fácilmente eliminable con un poco de lógica. Si crees que necesito tu protección o la de Ana, es que tu ego ha terminado por devorar el poco cerebro que te quedaba. Ahora, sal de mi oficina antes de que use estos datos para demostrarle a Alaric exactamente cuánto dinero le has estado haciendo perder a la empresa con tu incompetencia.

Elián palideció, abriendo la boca para replicar, pero las palabras se le quedaron atascadas. Derrotado por mi mordacidad, dio media vuelta y salió de la oficina casi tropezando.

Desde el pasillo, oculto por el ángulo de la puerta de cristal, Alaric lo había visto todo. Se había escapado de su reunión diez minutos antes, preocupado por cómo estaría manejando el regalito de Ana. Al ver a Elián salir como un perro apaleado, sintió una satisfacción inmensa. No tuvo que intervenir ni salvarme: yo era una fuerza de la naturaleza que se protegía sola.

Alaric entró en mi oficina justo cuando me sentaba de nuevo, exhalando un suspiro de frustración.

—¿Interrumpo? —preguntó, con un tono de voz inusualmente ligero.

Levanté la vista, todavía con fuego en los ojos.

—Si vienes a ofrecerme ser tu amante también, la fila es larga y estoy muy ocupada.

Alaric soltó una carcajada corta, algo casi inaudito en él. Se acercó al escritorio y miró mi pantalla.

—He visto cómo has despachado a Elián. Ha sido... una ejecución pública muy eficiente. Mi venenosa prometida no necesita guardaespaldas, por lo que veo.

Me relajé, sonriendo a pesar de mí misma.

—Es un idiota, Alaric. Y tu jefa de proyectos me ha dado basura para analizar.

—Lo sé. Ana te dio el pozo ciego de la empresa —dijo, y por primera vez, puso una mano sobre mi hombro, un gesto de apoyo real—. Pero lo que ella no sabe es que ese pozo ciego contiene la información necesaria para purgar la directiva. Sigue trabajando en ello, Farah. Mañana, en la reunión de la tarde, quiero que presentes tus hallazgos. Vamos a darle a esta empresa la limpieza que necesita.

Sentí que el cansancio desaparecía. Alaric no solo confiaba en mí; estaba orgulloso de mi ferocidad. La simbiosis profesional estaba dando paso a algo mucho más profundo.

—Prepárate, Grimaldi —dije, volviendo a mis gráficos—. Porque mañana no va a quedar títere con cabeza.

Alaric asintió, con la mirada fija en mí y una mezcla de deseo y respeto que ya no intentaba ocultar.

—Eso espero, doctora. Eso espero.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP