Siento los latidos de mi corazón en la sien, esperando respuesta.
—No, llegue hace cinco minutos, y no lo vi cerca, pero me encontré con la sala hecha un desastre, no te encuentro y me preocupe.
Menos mal ese desgraciado está bien.
—Mel, no te preocupes, estoy bien, lamento lo de la sala, pero no puedo explicarte ahora mismo nada.
Cuelgo la llamada, le marco a mi Samantha para que no se preocupe y le digo que no podré ir a trabajar hoy, no quiero, no después de lo sucedido.
—¿Me ocultas a