Me siento un poco perdido, como metido en un sueño en que la protagonista es mi esposa la cual esta vestida para matar. Siento que me besa el cuello, me acaricia, me mima subiendo mi temperatura corporal.
—Voy a tener que castigarte—la punta de su látigo la deja debajo de mi mentón restándome el habla—niño malo.
La reparo sin poder creer lo que tengo al frente acelerándome el corazón. Es una diosa, una jodida Diosa terrenal.
—Rachel—apenas pronuncio —¿Qué es todo esto?
—Silencio niño—demanda