—Parece que solo queríamos vernos —dijo de pronto María, tras haber estado en completo silencio por un buen rato al lado del hombre con que se había reencontrado recién.
—Yo no solo quería verte —aseguró Marcos, acariciando con su pulgar el dorso de una mano que no quería soltar—, pero, ahora que te veo, no sé ni por dónde empezar a disculparme contigo. Te hice mucho daño..., por idiota.
María le miró con una sonrisa en la cara, esa disculpa le hacía mucho más bien del que había pensado que le