María llegó a Galerías y, justo en la entrada a una plaza comercial que, a diferencia de su cartera, ella disfrutaba mucho recorrer, la joven se preguntó qué rayos estaba haciendo.
Y es que María Aragall no podía más con los nervios, estaba segura de que su estómago le jugaría una mala pasada en cualquier momento; y se arrepintió mucho más de haber caminado hasta ahí justo en el momento en que vio el enorme lugar, que era su destino compartido con alguien con quien no debería compartir nada más