María Aragall seguía escribiendo su nuevo libro, que bajo su seudónimo sería el primero, y que entraba ya a la etapa final.
Le restaban un par de revisiones y la elección del diseño, después de eso trabajaría en otro proyecto de cartas, pero ya no serían para una revista juvenil, sino para una compilación de cartas en un libro que hablaran sobre las emociones desde diversas situaciones de vida.
Tras todo lo perdido, habiendo sentido que su vida perdía sentido, sabía un poco cómo expresar que es