La mañana había sido horrible, pero su tarde, en compañía de esos tres hombres que ahora conocía un poco más, había sido bastante buena.
A la joven escritora le había sabido bien conocer un poco de amabilidad en ese sitio que, de no ser por ellos, pudo haberse convertido en el último sitio a visitar en el mundo por los malos recuerdos obtenidos de él; pero que, gracias a la camaradería de los dos Mateo y de Marcos, no lo odiaría tanto.
María llegó a su casa luego de comer en ese café donde había