8. Contrato y condiciones matrimoniales
— Me escuchaste bien, Amelia.
— Por supuesto que te escuché bien, pero… es una locura.
Cristóbal entornó los ojos.
— ¿Por qué? ¿Porqué no nos amamos? — Amelia abrió la boca, pero la cerró en cuanto Cristóbal continuó hablando —. Es cierto. Yo no guardo el más mínimo afecto por ti, y si te estoy haciendo esta propuesta, no es porque crea que algo pueda nacer entre nosotros. Esto lo estoy haciendo por nuestro hijo, porque si las cosas se llegan a complicar para ti, él no quedaría desamparado. Adem