Angela dio un sorbo pequeño a la infusión, suspiró y lo miró.
Sus miradas se quedaron enganchadas un instante y ella debió de veralgo en los ojos de él porque separó los labios y tomó aire, pero entonces desvió la mirada y agarró la pequeña bolsa de papel que había dejado a sulado al sentarse.
–Antes de que se me olvide –dijo dándole la bolsa–, gracias por las joyas. Las habría devuelto yo misma, pero la tienda cierra los domingos.
El collar de rubíes y diamantes y los pendientes largos le ha