“¡No!” grita ella, apretando los dientes cuando llega otra contracción.
Puedo ver que tiene razón. El bebé está llegando. Ahora. No tenemos tiempo para llegar a un hospital.
“¡Llama a alguien!”. Su grito es espeluznante.
Sé lo que debo hacer: dejarla, buscar otro auto, esperar que algún otro buen samaritano venga y ayude a esta pobre mujer a hacer lo que diablos tenga que hacer.
Mi vida está bajo amenaza. Muchos hombres violentos están intentando matarme.
Pero hay una pequeña voz en mi cab