Ahí es cuando me doy cuenta que... él no lo hizo. Lo hizo otra persona.
***
Dante
“¡Abajo!” grito, más por instinto que por otra cosa.
Amira se mete en el asiento delantero de mi auto y yo la sigo. La anciana y la niña suben a la minivan estacionada en el camino de entrada y arrancan rápidamente.
Al otro lado de la calle hay dos autos negros con vidrios polarizados. Alguien sale del lado del pasajero con un arma en la mano.
Reconozco a Fiodor.
La maldita escoria nos encontró. Debería haberlo pe