Me encojo de hombros. “No hay problema. Es la verdad”.
“Ya sé que es verdad” dice ella, dándome un codazo en el brazo en tono de broma. “Pero no debería haberlo dicho”.
La tensión aumenta entre nosotros. Como si el aire hubiera sido succionado del auto. Soy muy consciente de su pequeña mano en mi hombro. De la risa en sus labios. La burla en sus ojos.
Ella es un puto riesgo Dante, me regaño. Llévala a Chicago. Luego aléjate de ella.
Para variar, mi voz interior tiene razón. Esto no puede durar