–¡Giordano! –gritó Bianca al escuchar la conversación y lo que decía su hijo con un marcado acento italiano–. Creí que te había educado mejor.
–Lo siento, mamá –dijo Jordan sonriendo. Angela fue directo a saludar a su madre con un beso y un abrazo. La extraña, hace semanas no la ve.
Aunque Bianca había aprendido a hablar inglés de pequeña, aún lo salpicaba con su acento italiano. Había conocido a su marido cuando tenía veinte ún años y trabajaba como recepcionista de hotel y él estaba de vacaci