Capítulo 85: Proclamación de guerra.
El pecho de Claudia se agitó con una tempestad de indignación, sus ojos ardieron cuando la amarga ironía de la acusación la golpeó hasta la médula.
—¿Ahora nosotros resultamos siendo los secuestradores, cuando fueron ellos quienes nos robaron a nuestro hijo? —. Su voz era una hoja de sierra que cortaba el silencio de la habitación.
Andrew sintió un tumulto de emociones que se arremolinaron en su interior y dio un paso al frente. Su presencia fue un bálsamo calmante para sus nervios crispados.