62. Horas extras
62. Horas extras
El cuerpo de Layla cayó sobre el carísimo sillón de cuero oscuro; estaba frío y la sensación que golpeó su cuerpo tibio fue como una descarga eléctrica. Nathan la miraba como si fuera una presa que estaba a punto de devorar.
Metió su cuerpo entre sus piernas, acarició sus sexos con una lentitud que estaba enloqueciendo a Layla.
—Nathan… —Suspiró ella, atrapando su cuello, obligando al magnate a inclinar la cabeza sobre la suya—, por favor —suplicó.
Él sonrió.
—Bésame —ordenó L