03. ¡No te detengas!
03. ¡No te detengas!
Lo último que Kevin recordaba antes de llegar a la habitación fue haber recibido la ayuda de un botón. A partir de ahí, era puro instinto. La boca de la mujer se movía sobre la suya con urgencia, su pequeña lengua enredándose con la suya.
Por un segundo se dejó llevar. Correspondió el beso con el mismo deseo, con la misma pasión y el mismo ardor con que la mujer lo besaba.
Su cuerpo se había convertido en un mar de fuego. Cada centímetro de su piel quemaba bajo la fina cami