STEVEN
Llegué a la oficina al amanecer.
El vigilante nocturno, cuando me vio pasar por la entrada principal del edificio donde tiene su sede mi empresa, se quedó de piedra. Lleva muchos años trabajando para mí y nunca me había visto llegar al trabajo a una hora tan inusual.
—Buenos días, señor Parker —exclama, enmascarando la sorpresa tras una sonrisa de cortesía.
—Buenos días, John, ¿todo bien esta mañana?
—Sí señor, suave como la seda —dice con la mejor actitud del mundo, por eso me gusta con