STEVEN
Volvemos a Roma, son las diecinueve y el conserje del hotel nos informa de que mi madre y Julia aún no han regresado.
Subimos a la enorme suite que Sarah, por recomendación mía, ha reservado para toda la semana; ocupa el último piso del edificio y tiene una terraza panorámica con una vista espectacular sobre la Ciudad Eterna.
Nos sentamos en las sillas de mimbre del exterior, disfrutando del aperitivo que nos ha proporcionado el bar del hotel.
—¿Insistirás con Olivia o te rendirás?
—Oye