KATIA VEGA
—¿Por qué no decirme su nombre ahora? —preguntó Arturo decepcionado y queriendo mantener una sonrisa.
—Porque… si no es tu hija, no quiero que cometas un error o te deprimas… ¿entiendes?
—Kat, debes de decirme quien es… Por algo crees que puede ser ella. Por favor, no me dejes así, mujer… dime —insistió con ojos angustiosos, brillando por la desesperación.
—No hasta que te hagas la prueba… Esa es mi condición.
—¡Kat!
—¡Art! ¡Obedece! ¡Soy la mayor!
Me tomó por los hombros, ansioso,