KATIA VEGA
—Toc, toc… ¿Podemos pasar? —preguntó Arturo llevando a Emilia consigo.
—¡Mi amor! —exclamé alzando las manos hacia Emilia, quien al principio pareció dudosa en acercarse.
—Anda, ve con tía Katia —la motivó Arturo y justo cuando dio el primer paso hacia mí, se puso a llorar desconsolada.
—¡Mamita! —exclamó lanzándose a mis brazos. Aunque la expresión no le agradó del todo a Arturo, se mantuvo al margen—. ¡Perdóname! ¡Yo te quiero mucho! ¡No quise lastimar a Samuel, mucho menos provo