UGPEM. EPÍLOGO
UGPEM. EPÍLOGO
La vio abrir los ojos sin llegar a enfocarlos y luego sostenerse la cabeza como si le doliera.
—Max, muñeca, mírame por favor.
Había tanta angustia en su voz que a pesar de que su cabeza parecía a punto de estallar, Max alzó los ojos para mirarlo. Era lindo el condenado. Le había gustado desde el primer minuto, desde el mismo instante en que lo había visto en esa fiesta y él la había confundido con una monja.
—No soy hermana... —murmuró y él frunció el ceño sin comprender hasta q