Finales hermosos e inicios inesperados.
EPÍLOGO
Howard, su esposa y su hijo bajaron corriendo de aquel avión privado y una camioneta de lujo los llevó directamente a un hospital. El médico llegó como un loco cambiándose de ropa, lavándose las manos, escuchando las protestas asustadas de Scott, y cuando por fin entró a la salita de parto volvió a salir dos segundos después, golpeando a Scott en la nuca.
—¡Ni siquiera ha tenido una contracción todavía, solo rompió aguas! —gritó y su esposa Amanda rompió en carcajadas al ver el puchero n