Dentro de la acogedora cabina del jet privado, Stephen y Anna conversaban animadamente, con sus voces flotando suavemente sobre el zumbido de los motores.
Los ojos de Stephen brillaban con una mezcla de diversión y afecto al notar los nervios de Anna. Estiró la mano para darle un apretón cariñoso, buscando tranquilizarla.
—¿Tienes miedo, Anna? —preguntó con voz rebosante de ternura.
Anna lo miró a los ojos, con una tímida sonrisa dibujándose en sus labios.
—Miedo no, solo un poco de nervios —ad