Stephen permanecía de pie en la cocina, observando a Anna mientras se movía con elegancia, preparando café con una concentración que la hacía verse casi hipnótica. La suave luz de la mañana se filtraba por la ventana, envolviendo sus delicados rasgos con un brillo cálido y resaltando la forma en que su cabello rojo caía sobre sus hombros. Stephen no podía evitar admirarla; incluso un acto tan simple como preparar café lograba cautivarlo cuando era ella quien lo hacía.
Cuando Anna se dio la vuel