Flotando en el aire, el olor a tocino y panqueques sacó a Anna de su profundo sueño. Tan pronto como abrió los ojos, vio a Maxwell sentado junto a su cama con una bandeja llena de comida. Tenía una gran sonrisa en el rostro.
El ceño fruncido de Anna se profundizó al instante. Los recuerdos de la discusión de la noche anterior la inundaron: sus mentiras, sus sentimientos heridos y el enfrentamiento. ¿Este numerito de desayuno en la cama? Definitivamente no le iba a ganar ningún punto.
—Buenos dí