Habían pasado dos días desde que Anna pisó suelo americano de regreso, y se sentía fuera de lugar con el clima, ya que su cuerpo se había acostumbrado al sol de África. Hoy era domingo y deseaba poder estar en aquella iglesia allá en Botswana, cantando y bailando como si fuera una especie de club religioso.
Olvidémonos de Botswana y hablemos de relaciones complicadas. Después de tres días de recibir el desprecio de su mejor amiga, Anna había tomado la iniciativa de llamar a Jennifer e invitarla