—Estás comiendo mucho estos días, Ana. Desde que dejaste tu trabajo, no haces más que comer, olvidando que ya no trabajas ni haces nada durante todo el día —refunfuñó la Sra. McCurry.
Ana suspiró y bajó la mirada mientras cortaba lentamente un trozo de pan. Aunque le dolían las palabras de su madre, sabía que tenía razón. Últimamente estaba comiendo demasiado y también había subido de peso. Había pasado un mes desde que dejó el trabajo y todo lo que hacía era comer y dormir. Se había vuelto tan