34. Pasión que nace
Elisa frunce el ceño ligeramente por la confusión. Es como si la reconociera de algún lado.
Luis Ángel deja a Angélica con la palabra en la boca, encaminado con pasos cortos y lentos, sin quitar la mirada. El poder que emana bajo esa impresionante apariencia es abismal.
Está tan bella que cualquier rosa no puede pertenecer a su jardín, porque llorarían ante su hermosura. Es de las mujeres más hermosas que ha visto en esta vida, antes o después, siempre fue la mujer más deslumbrante.
—Estás p