19. Imaginándola entre sus brazos
María Teresa aguanta la respiración. La suavidad de sus manos la hacen parpadear. La misma suavidad con la que ha soltado sus palabras hacen que desaparezca por un instante esa penuria. La caricia que reposa en sus mejillas la estremecen, porque esta sensación es nueva, es confusa, es como un hechizo.
—Yo…
—Es la madre de Ángel, y eso nadie lo cambiará. Tiene la misma posición, pero ahora debe permanecer así.
—Pero me hace daño tener a mi hijo lejos…
—Le prometo que —Luis Ángel quiere conocer e