Bárbara
Aún podía sentir la calidez de aquel agarre.
Bárbara apoyó la barbilla en su muñeca mientras mantenía la vista fija en su otra mano. La observó con detenimiento, buscando algún cambio: un ligero temblor, una nueva coloración, un cambio en la temperatura. Sin embargo, no había nada fuera de lo normal. Su mano lucía exactamente igual, y aun así, la sensación persistía, como si el calor de la mano de Bastián hubiese dejado una huella en su piel