La reunión con el señor rígido había durado demasiado, y honestamente, le había dejado mucho en qué pensar. El giro de los acontecimientos fue tan abrupto como una mala película de Hollywood, pero esto no era una película; era la vida real. Y en su experiencia, las cosas nunca mejoraban por sí solas.
Así que, como no podía controlar las absurdas decisiones del destino, solo podía afrontarlas con calma y esperar.
Barbará caminaba a paso rápido hacia el ala de cardiología, lista para ver al seño