Mundo ficciónIniciar sesiónPOV KAEL
La misión fue limpia.
Rápida.
Violenta donde tenía que serlo.La Cruz Carmesí creyó que podía moverse en territorio neutral sin consecuencias. Se equivocaron. Dejamos tres de los suyos respirando lo justo para que el mensaje viajara. El resto… no importan.
La adrenalina todavía me corre por la sangre cuando entramos al bar humano.
Luces bajas. Música mediocre. Alcohol barato. Humanos apiñados fingiendo que el mundo es simple.
Perfecto.
—Relájate —dice alguien a mi lado—. Misión cumplida.
Asiento sin responder. No vine a hablar. Vine a descargar tensión.
Mi prometida política camina unos pasos delante, riendo con uno de mis subordinados como si esta noche no fuera solo una tregua antes de volver a la jaula dorada del poder. Es hermosa. Alfa. Correcta.
No siento nada.
Todavía no, gruñe mi lobo.
—Cállate —le respondo mentalmente mientras pido una bebida.
Mi lobo se llama Nox.
No porque sea oscuro.
Sino porque es paciente.El primer trago baja fuerte. Necesario. Me apoyo en la barra, escaneando el lugar por costumbre. Amenazas. Salidas. Humanos demasiado curiosos.
Y entonces…
Algo se siente mal.
No peligroso.
Incorrecto.Frunzo el ceño. Aspiro con más atención.
Nada.
Solo alcohol, sudor, perfumes humanos que intentan tapar lo que son. Nox se mueve dentro de mí, inquieto, como si hubiera escuchado algo que yo todavía no.
—¿Lo sentiste? —pregunta.
—No —miento.
Seguimos bebiendo. Risas forzadas. Bromas sucias. Contacto humano sin consecuencias. Todo normal. Todo irrelevante.
Hasta que el olor aparece.
No golpea.
Se insinúa.Tenue. Casi inexistente. Pero ahí.
Mi cuerpo reacciona antes que mi cabeza. Un tirón bajo el estómago. Un calor lento que no tiene nada que ver con el alcohol.
Aspiro de nuevo, disimulando.
Chocolate.
No dulce. No humano.
Oscuro. Amargo. Profundo.Y debajo… algo más.
Algo que me tensa la mandíbula.
—Eso… —murmura Nox—. Eso no es humano.
—No empieces —le advierto.
Pero él ya está despierto.
El olor va y viene, como si se moviera por el bar sin dejar rastro fijo. Me irrita no poder localizarlo. Me excita todavía más.
Cada vez que lo percibo, el calor aumenta. No es deseo común. Es territorial. Es hambre.
—Encuéntrala —ordena Nox.
—Cálmate.
—No.
Aprieto el vaso con más fuerza de la necesaria. Me obligo a seguir la conversación, a reír cuando toca, a fingir normalidad. Pero mi atención ya no está ahí. Está en el aire. En cada corriente que se mueve entre los cuerpos.
Y entonces la veo.
Está a unos metros. Entre gente. Vestido negro sencillo. Cabello oscuro recogido de forma descuidada. No intenta llamar la atención.
La atención la encuentra.
Se ve joven. Demasiado para lo que mi lobo acaba de insinuar. Frunzo el ceño, molesto conmigo mismo, con él.
—No —gruño por dentro.
Nox no responde. Solo observa.
La chica se mueve con cuidado, como si no quisiera ocupar espacio. Pero hay algo en su postura, en la forma en que se desplaza, que no coincide con esa intención. Control disfrazado de torpeza.
Sus ojos recorren el lugar por un segundo. Cuando sonríe, es breve. Casi ensayado.
No es humana.
Lo sé con una certeza que me eriza la piel.
—Ahí —dice Nox, tenso—. Es ella.
—No —repito.
Pero cuando pasa cerca, camino al sanitario…
El olor me golpea.
Directo. Brutal. Sin filtros.
Chocolate oscuro.
Calor. Luna. Algo antiguo que me hace apretar los dientes para no reaccionar frente a todos.Mi libido se dispara sin permiso. El cuerpo responde como si alguien hubiera girado una llave que llevaba años esperando.
—MÍA —ruge Nox.
—Cierra la boca —le escupo mentalmente, aunque ya estoy moviéndome.
Me aparto del grupo sin explicaciones.
—Ahora vuelvo —digo por encima del hombro.
Mi prometida me mira, desconfiada. No me importa.
Sigo el rastro sin pensar. No necesito verla. El olor me guía como un hilo invisible. El pasillo del baño es estrecho, oscuro, perfecto.
La veo desaparecer detrás de la puerta.
Mi pulso retumba en los oídos.
—Si es humana, nos vamos —me advierto.
—No lo es —responde Nox con certeza absoluta—. Y lo sabes.
Espero. Dos segundos. Tres.
Cuando sale, doy el paso antes de pensar.
Mi mano se cierra alrededor de su muñeca.
El contacto es… incorrecto.
No frío.
No humano.Es como tocar algo que me pertenece desde antes de saber que existía.
Ella no grita.
No se sacude.Levanta la vista y me mira.
Y todo se detiene.
Es hermosa. No de una forma suave. Hay algo salvaje escondido detrás de esos ojos claros. Algo que reconoce. Algo que responde.
Mi lobo se agita, eufórico.
—Es ella —dice—. La que faltaba.
Me inclino sin pedir permiso. Aspiro su cuello, descarado, confirmando lo que ya sé. El olor es aún más intenso ahí, puro, sin interferencias.
Un gemido contenido vibra bajo su piel.
Mi autocontrol se tensa al límite.
—Mío —gruño en voz baja, sin darme cuenta de que lo digo en voz alta.
Y en ese instante…
Ella no se aparta.







