Mundo ficciónIniciar sesiónPOV LYRA
El bar está lleno.
No abarrotado, pero lo suficiente como para que las voces se mezclen con la música y el aire se sienta más cálido de lo normal. Luces bajas, tonos ámbar, madera oscura. Un lugar pensado para que la gente se acerque, se roce, se olvide de sí misma por un par de horas.
Normalmente, eso me pondría tensa.
Esta noche… decido no pensarlo demasiado.
—Cumpleañera, bebida en mano —anuncia Noah, levantando el brazo como si fuera una ceremonia.
Me empuja suavemente hacia la barra y el bartender me sonríe con esa expresión automática que ya ha visto demasiadas noches iguales. Pido una cerveza. Nada complicado. Nada fuerte. Solo algo frío que me ancle al momento.
El vaso está helado cuando lo tomo. El primer trago es amargo, burbujeante, real. Siento cómo me baja por la garganta y me relaja los hombros sin que me dé cuenta.
Tal vez esta noche puedo fingir que soy normal.
Tal vez solo por hoy.Emma ya está bailando con alguien que no conozco. Noah habla con un grupo cerca de la mesa alta del fondo. Ethan se queda a mi lado, como siempre, atento sin ser invasivo.
—¿Estás bien? —me pregunta, inclinándose un poco para que pueda escucharlo.
—Sí —respondo, y esta vez no miento del todo—. Mejor de lo que esperaba.
Él sonríe, aliviado. Me observa como si intentara memorizarme. Siempre lo hace. Como si tuviera miedo de que desaparezca si aparta la mirada demasiado tiempo.
Me da otro sorbo a la cerveza y dejo que la música me envuelva. El ritmo no es agresivo. Es constante. Grave. Algo que se siente más en el pecho que en los oídos.
Empiezo a moverme sin pensarlo. Nada exagerado. Solo lo suficiente para dejar de sentirme rígida. Ethan se acerca un poco más, respetando esa distancia invisible que siempre existe entre nosotros.
Por un momento, casi lo olvido todo.
Y entonces…
lo huelo.No es inmediato. No es brusco.
Es como si el aire cambiara de textura.
Frunzo ligeramente el ceño, deteniéndome a medio movimiento. Aspiro con más atención, convencida de que es mi imaginación. El bar huele a alcohol, a perfume barato, a sudor humano.
Pero debajo de todo eso…
Hay algo más.
Algo distinto.
Es un aroma suave, inesperado. Chocolate, pienso primero. No dulce. No empalagoso. Oscuro. Amargo. Como cacao puro. Y mezclado con algo más profundo. Más cálido. Más… masculino.
Mi estómago se contrae sin previo aviso.
Parpadeo, desconcertada, y doy otro sorbo largo a la cerveza, como si eso pudiera borrar la sensación. No tiene sentido. Nadie aquí debería oler así. Nadie huele así.
Miro alrededor, buscando el origen sin darme cuenta. No veo nada fuera de lo normal. Gente hablando, riendo, tocándose. Humanos.
—¿Te pasa algo? —pregunta Ethan, notando mi distracción.
—Nada —respondo rápido—. Solo… calor.
Me abanico con la mano, exagerando el gesto, y él asiente, aceptando la explicación sin cuestionarla. Siempre es así. Ethan no presiona. Nunca ha sabido que eso, a veces, me incomoda más que la insistencia.
Decido ignorar el olor.
Debe ser una vela aromática. Un perfume caro. Mi imaginación jugando conmigo después de una semana larga.
Vuelvo a moverme. A reír cuando Emma regresa y me arrastra a la pista. A dejar que Noah nos traiga más bebidas. A fingir normalidad con una facilidad que he perfeccionado durante años.
Pero el olor no se va.
No es invasivo.
No es abrumador.Es constante.
Está ahí cuando giro. Cuando levanto el brazo. Cuando alguien pasa cerca. No parece venir de un punto fijo, y eso es lo que más me inquieta. Como si me rodeara. Como si el aire mismo estuviera impregnado de esa presencia.
Siento calor en la nuca.
Un cosquilleo extraño en la base de la columna.
Mi corazón late más rápido de lo que debería para estar simplemente bailando.
—Lyra —dice Emma, inclinándose hacia mí—. ¿Todo bien?
—Sí —respondo, y me sorprende lo fácil que sale—. Solo necesito un poco de aire.
Salgo un momento hacia la zona más tranquila del bar, cerca de una de las paredes laterales. Me apoyo allí, respirando hondo, intentando ordenar mis sensaciones como si fueran datos sueltos en una mesa de laboratorio.
Olor extraño.
Respuesta física desproporcionada. Pulso acelerado.No hay peligro.
Eso me digo.
Ethan me sigue, como esperaba.
—Si quieres irnos… —empieza a decir.
—No —lo interrumpo, quizá con más firmeza de la necesaria—. Quiero quedarme.
Él me observa, sorprendido, y algo parecido a una sonrisa cruza su rostro.
—Entonces me quedo contigo.
Asiento. Me gusta que esté ahí. Me gusta su presencia conocida, segura. Me gusta que no despierte nada extraño en mí.
Y aun así…
Cuando se acerca un poco más, cuando su brazo roza el mío, no siento lo que debería. No ese cosquilleo. No esa electricidad que todos describen.
El contraste me golpea con una claridad incómoda.
Ethan es amable.
Es atractivo. Es todo lo que debería querer.Pero mi cuerpo… está atento a otra cosa.
Doy otro trago a la cerveza y siento el líquido frío recorrerme, anclándome apenas. La música cambia, más lenta ahora, más profunda. Algunas parejas empiezan a moverse más juntas.
Ethan coloca una mano en mi cintura, con cuidado, como preguntando sin palabras. No me aparto. Tampoco me acerco más. Bailamos así unos minutos, y puedo notar su respiración cerca de mi oído.
—Feliz cumpleaños —susurra.
Cierro los ojos un instante.
—Gracias.
Por un momento, casi me dejo llevar. Casi.
Pero entonces…
el olor se intensifica.No más fuerte.
Más cercano.Siento un escalofrío recorrerme la espalda. Mi piel se eriza como si una corriente invisible hubiera pasado junto a mí. Trago saliva, de repente consciente de cada punto de contacto entre mi cuerpo y el mundo.
Abro los ojos.
No veo nada distinto.
Y eso es lo peor.
Porque algo dentro de mí está despierto.
Atento. Expectante.Como si supiera que esto no es casualidad.
Como si supiera que esta noche no es solo una celebración.Me separo un poco de Ethan, fingiendo ajustar el vestido. Él no insiste. Me mira, confuso, pero paciente.
—Voy al baño —digo—. Ahora vuelvo.
Camino entre la gente, esquivando cuerpos, risas, manos que se rozan sin pensar. Cada paso hace que el aroma vuelva a cambiar, a envolverse a mi alrededor como una promesa que no comprendo.
Chocolate oscuro.
Algo más profundo. Algo que no debería hacerme sentir así.Me detengo a mitad del camino, el corazón golpeándome con fuerza.
No sé qué es esto.
No sé de dónde viene.Pero por primera vez en mi vida…
No quiero que desaparezca.
Y esa certeza, tan simple y tan peligrosa, me deja sin aliento.







