-XXXIX-

Se quedó con el ala de la ventana en la mano.

Atónito, sin pestañear y sin entender el porqué de que la ventana estuviera rota.

-¿Daylhan?- llamó Keerd con el ala de la susodicha en la mano.

El castaño se dirigió hacia él.

-Dime mo ghr...-

No terminó la frase cuando vio a su esposo mirándole y con el ala de la ventana sujeta en una de sus manos.

-¿Por qué está rota?- inquirió Keerd.

-Pu-pues no...ni me he dado cuenta- tartamudeó Daylhan.

-¿Sabes

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