No fue un beso de amor.
Thomas me toma del brazo para devolverme al auto donde nos espera mi hija. Lo miro con gesto agrio. Es su culpa que Robert se haya ido de ese modo.
—No quiero ir a ningún lado Thomas —digo.
—¿Cómo?—Entonces voy al auto y saco a Amelie. No sé ni siquiera por qué acepté salir con él después de todo el sufrimiento que por su culpa debí pasar.
—No hagas esto Sarah. No quieres verme enojado—dice. Respiro hondo ignorando sus amenazas y llevo de prisa a mi hija dentro de la casa. Entonces me devuelvo