Entonces me detengo. No soy tan ilusa y he visto suficientes telenovelas como para saber que hay mujeres que hacen lo que sea por separar a los que empiezan a enamorarse. Y esos somos Robert y yo. Así que soltando aire me devuelvo. Ella me mira confusa. Entonces se cruza de brazos y alza una ceja.
—¡Ya te dije que…!—ignoro completamente sus odiosas palabras y le paso por un lado, sin importarme lo que diga. Ella corre tras de mí y me jala con fuerza por un brazo.
—¡Te dije claramente que Robert