Valeria permanecía inmóvil en la cama, temblando mientras sostenía el celular de Tania entre sus manos. La luz tenue de la lámpara proyectaba sombras en su rostro, donde las lágrimas se deslizaban silenciosamente. La traición de Guillermo la dejó sin aliento, y un torrente de emociones la invadió: rabia, tristeza y una profunda desilusión. Con determinación, se levantó de la cama, sintiendo que la ira se transformaba en una fuerza resolutiva.
—¡No puedo creer que me haya hecho esto! —exclamó, c