María Constanza
Las nuevas sensaciones y experiencias me tenían a punto de gritar en el carro de Santos, —menos mal íbamos por una autopista a una velocidad considerable, me había acomodado para que le fuera más fácil acariciar mis pliegues y yo poder tocarlo, aunque por la experiencia de él, logró en menos tiempo hacerme gritar y convulsionar. Una vez logró satisfacerme, sacó los dedos y los lamió.
—Eres deliciosa,
Mis mejillas se sonrojaron más de lo que ya estaban por el orgasmo recibido. Me