Guillermo
Ver a la mujer que se metió de nuevo en mi torrente sanguíneo desde aquella vez que la volví a ver en los quince de Maco y desde entonces se convirtió en un deseo ardiente después de haber estado tras las rejas. La tenía desnuda ante mí y eso me hizo primitivo. Me arrodillé entre sus piernas, deslicé mis manos lentamente por sus muslos.
Vi su miedo al mismo tiempo, su deseo y antes de que el pavor la bloqueara pasé mi lengua por los pliegues de su vagina… ese delicioso sabor regresó a