— Si tú lo dices... —Esteban se encogió de hombros y señaló con la barbilla hacia un grupo de mujeres en la mesa contigua—. De todas formas, mejor para nosotros que sea una fachada. Esas mujeres de allí no nos quitan la mirada de encima desde que llegaste. Creo que la rubia te conoce.
Alexander miró