— Buenos días —dijo Alexander con voz gélida—. Alexander De la Vega. Soy el esposo.
Marcó las palabras con precisión quirúrgica. El esposo. El dueño.
Luis no retrocedió. Sostuvo el apretón y la mirada.
— Buenos días. Luis... soy el amigo —respondió él.
El subtexto fue brutal. Alexander decía "tengo