CAPÍTULO 269
Samanta y Sofía estaban sentadas a la mesa, compartiendo un desayuno improvisado. Samanta dio un sorbo a su café negro, mirando el paisaje infinito. Todavía le costaba asimilar que estaba allí, en la casa familiar de Mateo.
— Sigue pareciéndome irreal —murmuró Samanta, bajando la taza—