CAPITULO 262
El rugido de la multitud en el Hipódromo era ensordecedor. Para Alexander De la Vega, el sonido de los aplausos era solo ruido de fondo.
Caminaba a paso rápido, casi corriendo, por los pasillos interiores del Club. Su mirada gris escaneaba cada rostro, cada sombra, cada hombre con chaqu