CAPÍTULO 192
El sonido suave de unos nudillos golpeando la puerta lo sacó de su bucle de pensamientos.
Mateo se frotó los ojos y se enderezó en la silla.
— Adelante —dijo, esperando ver a su asistente con el informe del mediodía.
La puerta se abrió.
No era su asistente. Era su madre.
Mateo se puso d