CAPÍTULO 195
Mateo sintió que el mundo se detenía.
Levantó la mano lentamente, temblando de rabia, y apartó un poco más la tela de la bata de Samanta para ver la magnitud del daño.
— Los moretones... —susurró Mateo, su voz quebrándose— Dios mío, Samanta.
Ella intentó cubrirse rápidamente, dando un