—¡Ayúdenlo, por favor! —gritó el chico—. ¡Le sangra!
Lucía corrió hacia él. Dentro de la caja había un gatito de apenas dos meses, respirando con dificultad y con una pata en un ángulo antinatural.
— Al quirófano, ¡ya! —ordenó Lucía.
Se olvidó del reloj. Se olvidó de la gala. Se olvidó de todo.
Dura