— Vi el terror porque te quieren, viejo tonto —le recriminó ella, aunque su voz se suavizó—. Nos asustaste a todos.
— Bien. Que se asusten. Que sientan el peso de mi ausencia antes de que sea definitiva. —Augusto volvió a tomar su vaso y bebió otro sorbo—. Porque te digo una cosa, Matilde, y te lo d