CAPÍTULO 126
Kai, se había echado a los pies de Lucía, suspirando con fuerza, como si él también estuviera aliviado de que los gritos hubieran cesado. Benicio y Thiago, vencidos por el sueño y la emoción, se habían acomodado en un sofá lateral, observando a los adultos con ojos pesados pero atentos.